Community Comes Together to Create Nutrition Centre

(Versión en español abajo)

A stack of miniature tortillas, ground beef, carrots, rice and tomatoes are heaped onto child-sized plates. Three mothers busy themselves handing out plates of food to the twenty-something chattering children in the room, sitting in two lines down a long wooden table that splits the room in two. All in their white school shirts, the children have just finished class at the one-teacher primary school next door and have come to the nutrition centre for their daily meal. Posters about nutrition and basic hygiene line the walls and shouts of “aqui, aqui!” can be heard from the group of boys playing fútbol on the field outside.

Los Pozos is a rural community with a population of under 300, located in the hills outside of Talanga, Honduras. Houses lie spread across sugarcane fields and coffee plantations, none of them with running water and few with electricity. The community shares a well near the local primary school. No secondary school exists, though a distance-learning programme may be coming to the area soon for students who want to continue their education through middle and high school by radio.

The nutrition centre started here mere months ago, after the local foundation Manos Que Ayudan Talanga started sponsoring several children in the community who were not going to school. They soon realized that many children were not able to concentrate in class   because they hadn’t had enough to eat, and others were not coming to school at all for this reason. Some children had even fainted at school from hunger. With school attendance remaining low, Manos Que Ayudan decided that a school-based nutrition programme would help the students succeed academically and serve as an incentive to keep them coming to class each day. educate. stepped in to fund the project, which has been a huge success: not one child has dropped out since the nutrition centre opened.

“Education and access to proper food are intricately linked,” says Carlos Urbina, the founder and director of Manos Que Ayudan Talanga. “We were seeing that the kids that couldn’t eat were not coming to class, but when we started giving them food, we saw a huge change. Now no children miss school, because they know that their food is waiting for them.”

Once the kids finish eating, one of the mothers and a few of the children carry the plates and cutlery down to the well to wash up. Next to a corn field where three men are working under the afternoon sun, the plates are spread over the well and washed by hand.

Manos Que Ayudan Talanga runs two nutrition centres in rural villages outside of Talanga, with the one in Los Pozos sponsored by educate.. In an effort to make the project more self-sustaining, the foundation recently purchased 1.5 acres of land near Los Pozos, where they have started a farm made up of donated animals. 44 chickens, a pig whose leg is being treated for an infection, another one pregnant with piglets, and rescued puppies and kittens currently make up the farm’s inhabitants. The kitten is a recent addition: on the way back from picking up educate. team members in Tegucigalpa, Manos Que Ayudan Talanga staff spotted it trapped on the highway divider and darted through traffic to save it.

“Once the chickens start laying eggs, they’ll lay one a day, so we should start getting 40 eggs a day that we’ll be able to use in the nutrition centres,” says Carlos. “It will make things a lot cheaper for us.” Vegetables and fruits have also been planted at the farm: cucumbers, onions, beans, corn, yuca, pineapples and more.

The farm is managed by Manos Que Ayudan Talanga, but the farm work is done by parent volunteers. In order to do their part to keep the nutrition centre running, parents of the children who receive meals at the centre volunteer on the farm for 3-5 hours per week, taking care of the land and the animals. The women who cook the food at the centre are also volunteers, a rotating group of mothers who each come to the centre once a week to cook and serve the food.

Even the tables at the centre were a community effort! Don Miguel, a 78 year old farmer, highly respected in the community and rarely seen without his distinctive cowboy hat, donated the wood for the tables almost by accident. “I had just bought wood to build a fence for my cows,” he said, “and I was on my way home past the nutrition centre and everyone just assumed it was for the tables! So I just let them take it.” Aside from maintaining his farm, Don Miguel is working on bringing running water to the community, a project that could make a huge difference to all the families who currently rely on the well as their sole water source.

don miguel
Don Miguel

The nutrition centre costs $300 US dollars a month to run, providing lunch to twenty children five days a week, making the cost per meal only $0.75. Manos Que Ayudan Talanga is an organization that truly makes each cent count. Click here to find out more about their projects and collaboration with educate..

 


 

Unas tortillas, carne molida, zanahoria, arroz y tomate se depositan en platos para niños. Tres madres se ocupan repartiendo los platos a los veinte niños, mientras ellos parlotean, sentados a lo largo del gran comedor de madera. Vistiendo las camisas blancas del uniforme escolar, acaban de salir de clases en la escuela unidocente contigua al comedor, y han venido al comedor infantil para su almuerzo diario. Carteles sobre la nutrición y el higiene básico cuelgan en las paredes, y gritos de “¡aqui, aqui!” se escuchan del grupo de niños jugando fútbol afuera.

Los Pozos es una comunidad rural con una población de menos de 300, ubicada en los cerros afuera de Talanga, Honduras. Las casas se distribuyen alrededor de las plantaciones de azúcar y café. Ninguna casa cuenta con agua corriente, y muy pocas con electricidad. La comunidad comparte un pozo cerca de la escuela primaria. No existe ninguna escuela secundaria, aunque es posible que pronto vendrá un programa de educación a distancia para estudiantes que quieren seguir sus estudios por radio.

El comedor infantil se inició aquí hace uno meses, después de que la fundación Manos Que Ayudan Talanga comenzó a patrocinar algunos niños de la comunidad que no asistían a la escuela. Pronto se dieron cuenta que muchos niños no se podían concentrar en sus estudios porque no habían comido lo suficiente, y otros faltaban a la escuela por esa razón. Algunos hasta se desmayaron en el aula. Siendo la asistencia tan baja, Manos Que Ayudan decidieron que un comedor infantil en la escuela ayudaría a los niños a tener éxito en sus estudios y funcionar como incentivo para que siguieran llegando a clases cada dia. educate. se metió para financiar el proyecto, lo que ha sido un gran éxito: ni un niño ha dejado la escuela desde que se abrió el comedor infantil.    

“La educación y el acceso a una alimentación adecuada están muy vinculados,” dice Carlos Urbina, fundador y director de Manos Que Ayudan Talanga. “Vimos que los niños que quedaban sin comer no iban a la escuela, pero cuando comencemos a proveerles la comida vimos un gran cambio. Ahora ningún niño falta a la escuela, porque sabe que en la aula de clases está esperando su desayuno o su almuerzo.”

Después de que los niños terminan comiendo, una de las madres y unos niños cargan los platos y cubiertos hasta el pozo para lavarlos. Junto a un sembradío de maíz donde trabajan tres hombres bajo el sol de la tarde, los platos son extendidos sobre el pozo y lavados a mano.

Manos Que Ayudan Talanga gestionan dos comedores infantiles en aldeas rurales afuera de Talanga, el de Los Pozos siendo patrocinado por educate.. Con intenciones de hacer el proyecto más sostenible, compraron recientemente una manzana de tierra cercana a Los Pozos, donde han empezado una granja compuesta de animales donados. 44 gallinas, un chancho que se está curando de una infección de la pierna, una chancha que está embarazada, y unos cachorros y una gatita son los residentes actuales. La gatita es una adición nueva: mientras regresaban a Talanga después de recoger los representativos de educate., el personal de Manos Que Ayudan Talanga la divisaron atrapada en medio de la carretera y se enfrentaron al tráfico para rescatarla.

“Esas gallinas una vez empiezan a poner huevos, lo harán uno diario. Entonces diariamente tendremos mas de 40 huevos, lo que vamos a poder proveer para los comedores,” dice Carlos. “Será mucho mas económico para nosotros.” Vegetales y frutas también han sido sembrados en la granja: pepinos, cebollas, frijoles, mas, yuca, piñas y mucho mas.

Administran la granja Majos Que Ayudan Talanga, pero el labor se hace por voluntarios que padres de familia. Para ayudar a que siga funcionando el comedor, los padres de los niños que reciben las comidas trabajan en la granja como voluntarios por 3-5 horas a la semana, cuidando el terreno y los animales. Las mujeres que cocinan en el comedor también son voluntarias, un grupo rotando de madres que acuden al comedor una vez a la semana para cocinar y servir la comida.

Hasta las mesas en el comedor eran un esfuerzo comunitario! Don Miguel, un granjero de 78 años, muy bien considerado en la comunidad y casi nunca visto sin su sombrero característico, donó la madera para las mesas casi por accidente. “Había comprado los tablones para hacer un cerco, para que no se me escaparan las vacas, y pasaba por alla y pensaron que era para el comedor… ¡Pues se los dejé llevar!” Aparte de mantener su granja, Don Miguel está trabajando para traer agua a la comunidad, un proyecto que podrá hacer una diferencia enorme para las familias que dependen actualmente del pozo como su única fuente de agua.

don miguel

El comedor infantil cuesta $300 dólares estadounidenses para manejar, proveyendo el almuerzo a veinte niños, cinco días a la semana, lo que hace el valor por comida solo $0.75. Manos Que Ayudan Talanga es una organización que verdaderamente hace que cada centavo cuenta. Haz clic aquí para aprender más sobre sus proyectos y su colaboración con educate..

 


 

Written by / escrito por: Antonia McGrath

Translated by / traducido por:  Eli Schwartz

Photos by / Fotos tomadas por: Antonia McGrath

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